miércoles, 29 de noviembre de 2017

Ranoir

(Fotografía de Mar del Rey, escritora)


            A la charca de las ranas ya no acuden príncipes melancólicos y tímidos que añoran a una joven hermosa a la que alguna bruja maligna haya embrujado. Tampoco se acercan los empleados municipales a limpiar residuos atrapados por la belleza reflejada. A nadie le interesan ya ni príncipes ni barrenderos. Solo las estrellas y la luna siguen tremolando en la superficie. Sin embargo, las ranas están más felices. Ahora que pueden nadar sin tanto temor a ser besuqueadas, ni a quedar presas en las redes, se dedican a decorar con flores, bacterias, algas, hojas y ramitas —como cuadros impresionistas en lienzos de cielo espejeado— los sueños de los desempleados que deambulan por el parque, saben que en ellos está la esperanza, aunque ellas tengan que volver a esconderse.



domingo, 29 de octubre de 2017

Flor de almendro


            Mi abuela se recogía el moño con aquel tipo de redecilla, pero no era lo mismo. A mí me gustaba mucho más en las larguísimas piernas de las bailarinas que anunciaban las funciones del Teatro Chino de Manolita Chen. Por entonces, yo estudiaba en el seminario de Toledo pero, al llegar el verano, volvía a Talavera de vacaciones y echaba una mano a mi madre, como recadero en su mercería. Cuando tenía quince años, la mañana del primer día de las ferias, una joven de belleza forastera trajo varias medias de nailon para que mi madre le cogiera los puntos, pues la zurcidora del teatro se había roto. Así fue como conocí a Adelina Li-Mee —cuyo significado chino dijo ser «flor de almendro»—, una chica que quería ser cantante y vedete, pero aún no tenía la edad. Por la tarde se las llevé reparadas, y me lo enseñó todo: el mundo multicolor tras bambalinas, dónde finalizaban las piernas con medias de mallas, cómo se colocaban las ligas, qué se ocultaba bajo las estrellitas sobre los pechos Todo. Agradecido le entregué mi virginidad. Cuando terminaron las fiestas, Li-Mee se marchó con el teatro, y se llevó mi vocación.


miércoles, 27 de septiembre de 2017

Raíces y costumbres

(Fotografía de Cristina García Rodero)

            Con los ahorros de toda una vida trabajando en Ámsterdam se construyeron una casa en su aldea de los Montes de Toledo. Cuando se jubilaron se fueron a vivir en ella y conservan una mezcla de costumbres. Él, vigilante, se sienta a la puerta en una silla de nea y toma el fresco. Ella, en la ventana, rememora la vida allí.

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Con este texto participé en los Viernes creativos organizados por Ana Vidal en la página El Bic naranja que consiste en escribir una historia inspirado en la fotografía.

martes, 22 de agosto de 2017

Errantes

(Otto Dix)


            Con el fusil al hombro y vestido de derrota llegó a la aldea una noche de ventisca, niebla y confusión. En la primera casa pidió cobijo, le abrió una mujer desgreñada —con la tez morena curtida por el fuego del hogar— que le preparó una sopa y una cama caliente. Muchas vigilias de soledades desde que su marido partió a la guerra, la atracción de los cuerpos jóvenes, el ventarrón, el miedo y el deseo se apoderaron de ellos y yacieron unidos. En la amanecida, el joven soldado abandonó la morada y prosiguió el viaje por el sendero que asciende a la sierra. Cuando se le echa la oscuridad y la niebla blanquea el contorno llega a un pueblo en medio de la tristeza, golpea con la aldaba de hierro fundido la puerta de una casa y una mujer joven le abre la puerta, se aman con pasión y en el amanecer prosigue su camino, ese que le llevará de las tinieblas a otra noche con la misma mujer, la que había fallecido en el incendio de su hogar tras conocer la muerte de su marido en el frente.

miércoles, 19 de julio de 2017

Superabuelo

(Fotografía de Paco Jarillo)


            De mi abuelo heredé su sombra. Mi abuelo tenía el don y la gracia. El don porque en su paladar se veía una Cruz de Caravaca. La gracia porque lloró en el vientre de su madre. Así que no le mordían los perros rabiosos y tenía poderes. Por ejemplo, cuando íbamos al colegio, al entrar en el andén del metro, él levantaba la mano y el tren se detenía. Al cruzar las calles se situaba de espaldas al semáforo, se concentraba y hacía que el rojo se apagara y se encendiera el verde. Por las tardes, después de comer dejaba de respirar media hora y yo aprovechaba para ver los dibujos animados. Un día que fuimos al cementerio observé que al entrar en el panteón familiar desaparecía su sombra. Me dijo que aquello no eran poderes, que era por el sol, pero que cuando se fuera con la abuela me la dejaría como recuerdo. Ahora el abuelo se ha ido y he comprendido que me tomaba el pelo con lo del metro, el semáforo y dejar de respirar, pero me cuesta mucho explicar, a los que se dan cuenta, el motivo por el cual tengo dos sombras.

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Este microrrelato ha sido seleccionado en el concurso Esta noche te cuento para ser incluido en el libro anual. El tema de la convocatoria era los superhéroes.
AQUÍ podéis leer el relato en la página de los organizadores, y en este ENLACE la relación de seleccionados y mencionados.

sábado, 24 de junio de 2017

Migraciones

(Ilustración de Cyril Rolando) 

            Mientras las almas se izan a los paraísos caobas y los cuerpos se incorporan a la cadena alimentaria del Mediterráneo, los tiempos no vividos se sumergen hasta el fondo marino y forman corales de sueños que seguirán creciendo hasta hacerse arrecifes que permitan —a los hijos de los hijos que no tuvieron— caminar por la superficie como ya hicieran sus ancestros y asentar en Europa, esta vez sí, al Homo sapiens.

                                                                * * *
Con este microrrelato participé en los Viernes creativos organizados por Ana Vidal en el blog El Bic naranja que consiste en escribir una historia inspirado en la ilustración.

martes, 20 de junio de 2017

Esnobismo


            La constreñida economía ha originado que sea un artículo de lujo disponer de un puesto de trabajo. Algunos emprendedores han descubierto un nicho de mercado y han empezado a comercializarlos. Si paseas por las principales calles comerciales de las grandes ciudades podrás pararte frente a los escaparates en los que se exponen para su venta. Así, no es extraño encontrar a un actor sentado en una mesa de oficina tecleando en un ordenador; otro, con un disfraz de fontanero que simula arreglar las tuberías de un cuarto de baño. La multitud de viandantes que pegados al cristal contemplan los productos con envidia saben que a esos precios inalcanzables solo están reservados para los ricos. Estos, siempre deseosos de destacarse sobre el resto de los mortales, no dudan en comprar un empleo y ejercerlo, ya sea panadero o repartidor de pizzas. Esto no es nuevo, ya a María Antonieta le gustaba jugar a los campesinos en la aldea del Petit Trianon. Mas es una moda, sin duda ocurrirá como con todo, cuando se pongan en el mercado muchos puestos de trabajo, la clase media querrá emular a la alta y empezará a adquirirlos, se popularizarán, momento en el cual perderá el interés para los ricos y dejaran de consumirlos. Las personas que pertenecen a la clase vulnerable no se verán afectadas, nunca podrán optar a esos productos, salvo que se los entreguen por caridad o los roben.



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(Francisco Javier Cebollero, un desempleado oriundo de Zaragoza)
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Con este microrrelato participo en la Primavera de Microrrelatos Indignados de 2017, que con el tema «Desigualdades Económicas y Sociales» ha organizado Miguel Torija Marti. En su blog La colina naranja encontraréis todos los autores y microrrelatos participantes.